Los duendes en la Meseta Ibérica

En esta región se les conoce como Martinillos, Martincicos o pesadillos, todavía a día de hoy se amenaza a los niños con ir a dormir o darlos a los martinicos.

Martinico cabroncete robando pan

En el diabólico Libro de Petronio, se dice que para invocar al maligno tienen que decir: “¡Socorredme, Don Martín!”. Quizás por la profunda tradición cristiana y la Santa Inquisición, los duendes se atribuyeron a una de las posibles formas que Lucifer puede tomar.

El más célebre duende de la región fue el de Horna, al cual los vecinos de Burgos culpaban de la desaparición del grano de sus silos durante varios años consecutivos.

Nos han llegado hasta nuestros días dos casos documentados en el pueblo de Benavente por el mismísimo inquisidor general, el terrible Tomás de Torquemada.

Torquemada, inquisidor general y cazador de brujas y duendes

Tan arraigado estaba en la antigüedad la creencia en estos seres, que en el siglo XVI se legislo al respecto, siendo quizás el primer texto legal que protegía a los propietarios frente a los okupas aquí en España.

La característica principal de los duendes que habitan esta región es su gran afición a tirar piedras a diestro y siniestro.

Cuento popular

La tradición popular cuenta que una vez, una familia de una localidad de La Asmuña que compartían piso con un duende maligno. Al poco tiempo de que el ente decidiera instalarse en su hogar, la madre, pieza fundamental para la familia, se vio invadida por una extraña enfermedad. Las sospechas que levanto la repentina enfermedad llevaron a hacer indagaciones. Finalmente los curas confirmaban que un ente malicioso cohabitaba con la familia. Así pues, decidieron que la mejor opción era mudarse a otro lugar y quemar la antigua casa.

Una vez se creían a salvo, y entrado el último mueble en la nueva casa, se oyó una voz procedente de los baúles que dijo: ”Y ya estamos todos…”.

Des de aquel momento esta frase hecha ha quedado profundamente grabado en el lenguaje popular. Esta se utiliza cuando, al igual que el jodido duende, alguien inesperadamente se une a la fiesta.